
Esta foto corresponde a uno de los momentos más oníricos de todo el viaje. Se ve una de las dos cabezas de Medusa que duermen desde la época de Justiniano en las profundidades de la enorme cisterna.Bajo las calles y plazas de la ciudad, condenada a mirar eternamente las oscuras aguas, ya era una antigua ruina cuando fué traida hasta aquí, junto a decenas de columnas romanas con sus capiteles corintios, para ser reutilizada en la construcción que saciaría la sed de los otomanos.

























